Talleres y cursos

Ofrezco talleres teóricos-prácticos sobre técnicas fotográficas y cinematográficas tanto a particulares como a pequeñas empresas.

Grupos reducidos, contenidos adaptados a tus necesidades y demandas, horarios flexibles y precios muy interesantes.

Estos son algunos que tengo «empaquetados»:

  • introducción a la fotografía.
  • fotografía avanzada 1 y 2.
  • grabación documental de video.
  • introducción a la edición de video y estética del montaje.
  • crea tus propios contenidos en redes sociales.
  • introducción a la fotografía culinaria.

Rodajes después del confinamiento.

Desde hace un par de años, colaboro como profesor en Actúa córdoba.

Durante el curso 2019/2020 impartí las clases de actuación ante la cámara en el tercer nivel y, cuando comenzó la crisis sanitaria de la COVID-19, inevitablemente hubo que parar, cambiar la dinámica de clases y hacerlas todas online.

Además, una vez finalizado el estado de alarma y siguiendo todas las medidas de seguridad, grabamos unas cuantas prácticas de las que guardo un recuerdo especial, quizá por las ganas de rodar acumuladas durante el confinamiento.

Las fotografié, grabé y monté.

Aquí enlazo algunas.


Si queréis ampliar información sobre las materias y actividades que ofrece la escuela, visitad su web www.actuacordoba.es.

Hay buen ambiente, mejores profesores (y un servidor 😉).

El cine callado.

El cine mudo no es mudo, nunca fue mudo, sino silente. No es que no hable, es que no habla con palabras. Esto se lo he escuchado decir a personas que saben mucho (y bien) de cine.

No sólo estoy de acuerdo sino que me atrevo a añadir que, esa cualidad, se mantiene en el buen cine sonoro. En el que me gusta, al menos.

Este cine, buen-para mi, repito-cine sonoro, permanece callado cuando no tiene nada que decir. Te da espacio. De maniobra, de reflexión, de ensayo y error. Parece escuchar tus pensamientos y emociones. Responde en el momento exacto en el que necesitas saber algo nuevo. 

Y con las palabras justas.

No explica, desvela. No subraya, sugiere. No obliga, invita.

Me cae bien este cine.

Azul (Krzysztof Kieślowski, 1993) me gusta por muchas razones y por más sinrazones.

Aparte de su calidad, reconocida en varios festivales en los que ganó premios y esas cosas, es una película que tengo más presente que otras… seguramente sea por la edad, etapa o momento vital en que la vi. 

En definitiva, que es una de mis películas (y me consta que también lo es para muchas personas “de mi quinta”).

Peeeero, en mi opinión (que no es más que una opinión) hay una frase, una sola y puñetera frase que le sobra a la película. En cierto sentido, a veces, según tenga al día, me la estropea. Se trata de una pregunta que le hace una periodista a la protagonista, Julie.

Esa pregunta.

Una frase de diálogo que es innecesaria, porque un poco más tarde tendríamos esa misma revelación de manera más elegante e inteligente.

Me refiero al plano en el que Julie lee la partitura “oyendo” las notas en su cabeza. Nosotros, como espectadores, oímos la música con ella…. Y, al llegar a una parte en blanco del pentagrama… Bueno, tenéis que ver la película.

Estaba todo ahí, tío. No hacía falta nada más. Porque es redundante y (me) fastidia (¿una manía personal?).


En cambio, en No es país para viejos (hermanos Coen, 2007) ocurre todo lo contrario. El dato más importante de la película, el que cambia por completo la perspectiva de la historia, no nos lo dan explícitamente.

Es decir, que esa información tan importante, podría ser cierta o no. Nunca lo sabremos con certeza.

Anton Chigurh

Me estoy refiriendo a la asociación mental que se produce (o no) en la cabeza de los espectadores al digerir dos escenas de la película que repiten elementos: la misma localización (caravana de Lewellyn Moss), leche embotellada, un sofá, personajes que se sientan en él (el serial killer Anton y el Shérif) y sendos reflejos en el cristal de una televisión… 

Sheriff Ed Tom Bell

Tardé años en pillarlo.. Pero en el momento en que se te pasa por la cabeza eso que infieres, comienzas a ver pistas por todos lados que corroboran tu teoría. Incluso entiendes el largo final que tiene el filme. O no. O no.

También vais a tener que ver la película.

Los Coen nos dejan, porque así lo quieren, en la ambigüedad. En un terreno inexplorado, indefinido, no conquistado por lo racional que, pienso, es propio de este cine al que me refería antes.

Es en este terreno donde vive el tiburón que no vemos en Tiburón, el contraplano del plano de Sully al final de Monstruos SA, la imagen del bebé en La semilla del diablo… Son fotogramas que no existen o, más bien, que sólo existen en nuestra imaginación.

El cine callado confía en el espectador. Lo trata como un igual o como un mejor. Y no mastica por ti.

No es cine de usar y tirar. Pervive. Y puede verse más de una vez, porque cuando ves una de estas películas de nuevo, pasado el tiempo, la ves por primera vez de nuevo.

La película es distinta porque tú eres distinto. A veces, mejor.

Nota: las imágenes de este post tienen derechos de autor. No son de mi propiedad. Las he usado únicamente con motivos de divulgación, descargándolas de otras páginas web.

Cerdos, cerdas (de pincel), políticos y políticas (de estado)

No voy a destripar nada. Ningún detalle de ninguna trama ni ningún cerdo.

Voy a comenzar con una cita de Marx que he sacado de Google para que esto parezca algo:

«Podemos distinguir al hombre de los animales por la conciencia, por la religión o por lo que se quiera. Pero el hombre mismo se diferencia de los animales a partir del momento en que comienza a producir sus medios de vida, paso éste que se halla condicionado por su organización corpórea. Al producir sus medios de vida, el hombre produce indirectamente su propia vida material»
 

Marx, La ideología alemana

Ahora vamos a pegar tres saltos, como en la rayuela. O quizá sean cuatro.

George Orwell, novelista y periodista, defendió las ideas comunistas pero fue muy crítico con su aplicación en la Unión Soviética a partir de cierta etapa. Sí, esa etapa. Parece que de esa crisis intelectual «le nace» Animal Farm (rebelión en la granja), que publica en 1945. 

«Todos los animales son iguales, pero…»

Hayao Miyazaki, que también flirteó con el comunismo hasta que dejó de hacerlo (en apariencia pública al menos), estrena unos años más tarde, en 1992, su largometraje de animación Porco Rosso.

«Cerdo Rojo», qué título más bueno.

«Un cerdo que no vuela es sólo un cerdo…»

En esta ocasión hay, evidentemente, otro cerdo que, además de andar a dos patas, vuela en hidroavión y defiende de manera tajante que es “mejor ser un cerdo que ser un fascista”.

Pero lo cierto es que vive descreído, al margen de cualquier tipo de lucha. Sus razones tiene.

Este cerdo, que fue un hombre antes (¿transformado por Circe, la de la Odisea?), es una referencia evidente y poco comentada a la obra de Orwell. De hecho, las transformaciones finales de las dos historias son idénticas.

De cualquier modo, esta premisa del hombre-cerdo o cerdo-hombre le sirve al autor nipón para construir una de sus mejores películas: hidro-aviones, batallas aéreas, cine dentro de cine, humor profundo, personajes memorables… y, algo marca de la casa, un genuino feminismo (o eso veo yo). Ojo, en los primeros noventa, y en Japón. Doble mérito…

Unos años después, en el 95, nos pilló por sorpresa lo buena que era “Babe, el cerdito valiente”. Dirigida por Chris Noonan, aunque también andaba por ahí George Miller, el de Mad Max. 

«…tu credo y tu clan, es conseja y moraleja.»

Aquí el cerdito, todavía lechón, no tiene, aparentemente, ideas políticas.

Es inocente y puro. Tan inocente y puro que no tiene prejuicios para hablarles de tú a tú, de igual a igual, a las ovejas, esos seres torpes, que no entienden, ni saben nada de nada del mundo y su complejidad (que es como ve el militante de un partido político al militante del partido político contrario). Y además, lo hace usando la cortesía y la empatía, que es lo más inteligente y, si se piensa bien, lo más valiente.

Pues el Cerdito es tan cortés, empático, inteligente y valiente que cambia su funesto destino.

Ve una oportunidad para hacer las cosas de una manera nueva, personal, distinta y, sobre todo, no dogmática. Que resulta ser igual de eficaz o incluso más.

Y aunque es un cuento de hadas, para triunfar, tiene que cometer muchos errores y aplicar muchos esfuerzos, pero son sus propios errores y sus propios esfuerzos (que las cosas no caen del cielo, ni crecen de los árboles).

El cerdito valiente es un emprendedor. Un autónomo.

“Liberal”, dirían algunos. “Neoliberal” dirían otros.

No sé si me explico.

Por último os quiero presentar a Haku.

Tiene el nombre de un personaje de una película de Miyazaki, es de la misma raza que Rex y Fly, los perros pastores de Babe el cerdito valiente y da la casualidad que el otro día intentó mordisquear la edición de bolsillo que tengo de Rebelión en la Granja y me inspiró esto que escribo ahora.

No es de derechas ni de izquierdas (equidistante, dirían despectivamente algunos, probablemente los mismos de antes). Pero, qué queréis que os diga, para mí, es mejor persona y mejor animal que muchas personas que tienen muy claro lo que son.

Haku con casi 4 meses.
Nota: las tres primeras imágenes de este post tienen derechos que no son de mi propiedad, las he usado únicamente con motivos de divulgación, descargándolas de otras páginas web.

Sesiones de retrato

A veces realizo sesiones de retrato.

Es una disciplina que cada día me interesa más.

Hacer buenos retratos es difícil, tanto por la técnica fotográfica como por la sintonía y confianza mutua que debe existir entre el fotografiado y el fotógrafo.

Aquí pongo algunos ejemplos, que aunque no son los mejores que he hecho, sí son de los que más me gustan.