«Estimado vecino de abajo.

Perdón por no saber su nombre. 

Le escribo esta carta porque se me olvidó mi peluche favorito en su lado de la azotea.

Fue el primer sábado del confinamiento. Era por la tarde y mis padres me dejaron subir a jugar un poco.

La puerta de su lado estaba abierta y, cuando comenzaron los aplausos, fui a mirar. Mi padre me tiene dicho que no pase nunca por esa puerta, pero fue un momentito nada más.

Luego me contaron por qué estamos todos aplaudiendo todos los días desde los balcones y las ventanas, pero ese día no lo sabía y me puse un poco nerviosa.

Salí corriendo despacio y, al llegar a casa, vi que mis padres estaban aplaudiendo y aplaudí con ellos.

No sé cómo se me pudo olvidar el peluche porque es mi favorito. Tengo muchos pero éste es el que más me gusta.

Al día siguiente, la puerta de su terraza estaba cerrada y, además, ya no nos dejaron subir más ni salir de casa.

Me encanta mi peluche. Es un oso blanco nieve y me lo regaló mi abuela cuando cumplí seis. ¿Tiene una nieta? Seguro que le encantan los juguetes que usted le regala.

¿Se acuerda del día que llegaron las dos ambulancias? Llovió. Hicieron mucho ruido con las sirenas y la gente les aplaudió aunque todavía no eran las ocho. Ese día estuve a punto de bajar a pedirle la llave de su puerta, pero hice caso a mis padres y no salí de casa. Me he portado bastante bien todo este tiempo. Todos los días. Menos uno que me puse muy nerviosa y también llovió.

Ya han pasado cuarenta días. Los he contado en el calendario de la cocina y me ha dicho mi madre que ayer salió un político en la tele y que contó que ya este domingo podremos salir a la calle. Pero sólo un ratito y cerca de casa.

No se lo he dicho todavía: soy Marta, vivo en el piso de arriba y me falta muy poco para tener diez años. 

Soy la hija de Alberto.

Sé que usted y mi padre se enfadaron hace tiempo. Mi padre dice que no están peleados, pero yo miro y escucho y me doy cuenta de las cosas. Discutieron y gritaron por un algo que dijo el mismo político de ayer. A mi padre no le cae bien ese político pero a usted sí. ¿O es al revés?

Perdón otra vez por no saber su nombre. El otro día, quitaron el papelito de su buzón, en el que le voy a dejar esta carta. Lo quitó una mujer que vino con una niña.

Posdata: Dígale a esa niña que el peluche es mío. Que me lo regaló mi abuela y es mi favorito.«

Autor: Pedro Gálvez Castillero

Escribo guiones, realizo videos y hago fotos.

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